Somos Anglicanos Paraguaya

Nuestra historia

La Iglesia Anglicana Paraguaya tuvo sus inicios en los años 1888. Con la llegada de unos misioneros de La Sociedad Misionera Sudamericana, que vinieron a Paraguay para llevar a cabo una misión destinada a anunciar el mensaje cristiano a los pueblos originarios del chaco paraguayo.

Lo que distingue a la Iglesia Anglicana de algunas otras iglesias es, en parte, su modo de administración y sus principios de gobierno. No existe duda de que cada miembro tiene la responsabilidad de buscar la voluntad de Dios en el desarrollo de la iglesia. Por medio de concilios elegidos democráticamente, los o miembros están representados en cada nivel de administración.

Los factores principales en la identificación de una iglesia están relacionados con sus doctrinas y enseñanzas teológicas. En este sentido la Iglesia Anglicana se siente profundamente unida con las demás iglesias que aceptan la autoridad de la Biblia como la Palabra de Dios y su verdadera revelación.

Solamente en casos muy raros, y por motivos muy poderosos puede suceder que un líder actúe sin la buena voluntad y apoyo de la gran parte de los miembros afectados. La Iglesia es una sola y la distinción entre clérigos y laicos no existe para establecer una clase privilegiada en la Iglesia ni para restar de los laicos la responsabilidad de participar en la buena marcha de todo el pueblo de Dios.

Sin embargo, en la Iglesia Anglicana la dirección total no depende solamente de una mayoría porque se mantiene el concepto bíblico de que los líderes de la iglesia tienen una parte principal en el conocimiento de la dirección del Espíritu Santo. Es por esta razón que se reconoce una autoridad legítima de los obispos en la iglesia en general y a su vez de los presbíteros en las congregaciones.

Una Iglesia Bíblica

Enrique introdujo una Biblia inglesa en cada templo, pero no le agradó tener más cambios radicales. Años antes el rey habla recibido el título de «Defensor de la Fes de parte del Papa, por haber escrito contra Lutero, y retuvo su sospecha de la doctrina reformada hasta el día de su muerte. La Reforma tomó más Ímpetu durante el reinado de su hijo, Eduardo VI (r. 1546-53). En 1549, Tomás Cranmer, el arzobispo de  anterbury, produjo el primer Libro de Oración Común.

Este libro y las ediciones subsiguientes, han dado al anglicanismo su carácter distintivo junto con una base bíblica.

Por medio del Libro de Oración Común, los cultos públicos han recibido una forma litúrgica que facilita la participación de toda la congregación en su propio idioma. Se preserva mucho de las liturgias antiguas, pero incluye materias compuestas por los reformadores y exhala una atmósfera profundamente evangélica.

Una Iglesia Histórica

La Iglesia ha existido en Gran Bretaña desde los primeros siglos de la época cristiana. Unos dicen que su apóstol fue José de Arimatea. Otros creen que fue San Pablo. Ciertamente, en el Concilio de Arles, convocado por el Emperador Constantino, en el año 313, participaron tres obispos británicos. Al llegar los invasores anglo-sajones en el siglo V, la Iglesia fue confinada a las sierras de Gales e Irlanda.

Un siglo más tarde, los anglo-sajones fueron evangelizados por monjes célticos de Irlanda y Escocia y por monjes italianos de Roma. El líder de los monjes roma nos, Agustín, estableció la sede de Canterbury en el siglo VI. En el año 644 la roma céltica aceptó la primacía de Canterbury y todos quedaron bajo la creciente autoridad del obispo de Roma.

Una Iglesia Reformada

Al llegar el siglo XVI, las Iglesias que estaban en comunión con Roma se hablan alejado mucho de la sencillez y espiritualidad de la Iglesia Apostólica. La tremenda inquietud entre hombres sinceros con relación a este estado de cosas se cristalizó cuando el monje alemán Martin Lutero lanzó su desafío contra las corrupciones de la Iglesia Católica Romana en 1517. Lutero había descubierto en la Biblia una verdad básica que la Iglesia habla sepultado bajo un montón de tradiciones humanas.

Era la doctrina de la justificación por la fo, según la cual el hombre no puede ganar el perdón de sus pecados por sus propios esfuerzos. Todo el aparato de la Iglesia Medieval-penitencias, peregrinaciones, ayunos, austeridades, absoluciones, misas, reliquias, indulgencias no valla nada como un medio de reconciliar el pecador con Dios. La reconciliación ya la habla efectuado Dios mismo, actuando en Cristo. Dios acepta (justifica) al pecador que está en Cristo. Queda entonces para el pecador al aceptar al Salvador por fo, arrepintiéndose y sirviendo a su Señor al poder del Espíritu Santo como expresión de su confianza y gratitud.

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